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22-2-2021_El hombre que llevó mascarillas

Sr. Sánchez, el farmacéutico y empresario costarricense, lidió con tenacidad con producir mascarillas sanitarias en su país. En cambio, en Estados Unidos algunos fabricantes de equipos de protección personal (EPP) enfrentaron otro reto: cómo vender mascarillas sanitarias. El New York Times reportó que DemeTech, un fabricante de suministros médicos en Miami, Florida, tenía a la venta 30 millones de máscaras N95 pero no podía encontrar compradores. Resulta que empresas como DemeTech tienen que superar los hábitos de compra de hospitales, distribuidores, y gobiernos estatales que prefieren máscaras más baratas fabricadas en China a las que estas entidades están acostumbradas. La nueva administración Biden pretende instituir trámites para que el gobierno federal favorezca fuentes domésticas de EPP. Se espera que no sea un proceso largo y complicado.

Si bien las vacunas contra la COVID-19 fueron desarrolladas más rápidamente de lo que nunca antes se creyó posible, las deficiencias desastrosas del plan gubernamental para producir y distribuir las dosis sólo ahora se van empezando a rectificar. Aún peor, Estados Unidos y otros países ricos están acaparando suministros de las vacunas, y se calcula que el excedente llega a los 1.000 millones de dosis o más. En un mundo interrelacionado como el nuestro, ninguna persona está salva a menos que todas estén salvas. Revirtiendo una decisión tomada por su predecesor de no participar en alianzas mundiales de salud, el nuevo mandatario estadounidense anunció un dono de US$4.000 millones a COVAX, una iniciativa de colaboración para garantizar un acceso justo y equitativo a vacunas para todos los países del mundo. Mientras tanto, China, India, Rusia y otros países ya han comenzado a compartir sus vacunas con naciones en desarrollo.

El señor Sánchez superó los retos de fabricación sin la ayuda de ninguna sociedad estadounidense. Parece una oportunidad perdida para que Estados Unidos comparta su tecnología y desarrolle una nueva cadena de suministro confiable en las Américas. Cuatro años de volverse hacia adentro y menospreciar a las naciones en desarrollo ha sido una política autodestructiva. Un exitoso negociador habría reconocido el beneficio económico de participar en acuerdos como COVAX o la Alianza para la Tecnología, el consorcio que ayudó al Sr. Sánchez. No es demasiado tarde para dar la vuelta a una política nefasta. Esta no será la última pandemia mundial.

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